No todos los platos necesitan descripción, pero los que la tienen bien escrita suelen venderse más. No hace falta ser escritor gastronómico — alcanza con ser claro y específico.
Priorizá lo que el cliente necesita saber
Ingredientes principales, forma de cocción, si es picante o si trae algo que no es obvio por el nombre. Esa información reduce la incertidumbre de pedir algo desconocido, que es una de las razones por las que la gente evita ciertos platos.
Cortas y concretas, no poéticas
Una o dos líneas alcanzan. Frases largas y muy elaboradas suelen leerse menos, sobre todo en un celular con poco tiempo de decisión. "Milanesa de carne con puré casero" comunica más rápido que un párrafo entero sobre la textura y el aroma.
Señalizá lo que importa para decidir
- Apto para celíacos, si corresponde.
- Opción vegetariana o vegana.
- Nivel de picante, si aplica.
- Si el plato es para compartir o porción individual.
Revisalas con el tiempo
Si un plato con buena foto y buen precio no se vende, antes de sacarlo de la carta probá reescribir la descripción. A veces el problema no es el plato en sí, sino que el cliente no entendió bien qué era.
